domingo, 25 de julio de 2010

Aeropuertos del futuro.

Como al próximo "terrorista" que descubran antes de cometer un "atentado" se le ocurra llevar las bombas metidas en el culo a modo de supositorios pronostico desde ya mismo controles rectales como medida normal de prevención antes de coger un avión.




No sé tú pero yo ya me relamo.

lunes, 18 de enero de 2010


Escribir en un blog es simpático. Me gusta. Se pueden crear cosas de la nada, contar secretos secretisimos, comentar cuadros indescifrables, hablar de cosas con desprecio o con aprecio, insultar sin insultar, vender motos de seis ruedas, hacerse el martir, martirizar a los demás, aguantar comentarios de otros, orgullecerse con comentarios propios, aguantar los comentarios propios, orgullecerse de los comentarios de otros, perderse en un maremagnun de frases y letras mientras intentas llegar al comentario correcto, sorprenderse, desilusionarse, satanizar a dios, santificar al diablo, despreciar a tu equipo, animar al contrario, rellenar corazones, vaciar esperanzas, enaltecerse, adormirse, leer, escribir...


Es simpático pues, que a veces se me pase su existencia: sé que está ahi, y ni lo miro. Muy mal por mi parte, pero asi funcionan las cosas: se me olvidan. Luego a uno le da rabia tal olvido, y se rasga las vestiduras y piensa que no va a suceder nunca más... mentira! Al final siempre ocurre que pueden mas las neuronas del despiste que las neuronas molonas.


Pero esta vez fuí salvado: este fin de semana pasado una persona muy importante para mi, a la que admiro, respeto y evidentemente quiero, me recordó la existencia de "artistas del polígono", y me hizo pensar en mi compromiso de escribir de vez en cuando aquí.


Esta claro, que la gente que es importante para uno, es la que puede saber lo que a le conviene o necesita. Y eso está bien.

Saludos a todos




miércoles, 30 de diciembre de 2009

Uno más.

Hoy en mi último día de rutina de dos mil nueve, me adelanto para darle la despedida a este año mirando un segundo hacia atrás antes de fijar la vista en el horizonte y comprobar que seguimos quemando cifras sucesivamente y adentrándonos poco a poco -y a la vez de forma vertiginosa- en una sucesión de décadas. Uno que nació en el último estertor de los setenta, no puede evitar tener un cariño y apego especiales a las que ha venido haciendo propias: no vamos a comparar los despreocupados 80, o los 90, con los 00; para mí, de insustancial graduación pese a haber tenido lugar importantísimos acontecimientos durante los años que conformaron dicha década.

Lo comentaba hace poco con el PC cerveza en mano y, más recientemente, con una desconocida igualmente en compañía de mi inseparable y fiel amiga: los años mozos de nuestra generación están plagados de acontecimientos, héroes y mitos anclados en esa Era y grabados a fuego en nuestras memorias. Luego disfrutas igualmente de la vida, puede que incluso más y/o mejor, con mayor conocimiento y mejor percepción de las cosas, pero el “factor tempoambiental” deja su marca de forma más débil. Seguramente, para las generaciones siguientes (de éstas hablaremos en otra ocasión, vamos a portarnos bien en estas fechas) los “años buenos” son estos últimos, pues es con los que han iniciado la andadura por la vida, y dejen de tomar como “suyos” los años posteriores en el momento en que alcancen… ¿la madurez?.



La verdad es que el último año de “la década de los 00” a mí me ha dejado más bien frío a nivel “global”; “será la vieyera”. En lo personal,  sumados los momentos buenos y malos, el balance es positivo una vez más. Siempre que lo contemos, habremos vencido y seremos más fuertes para afrontar el futuro, al que hemos de plantar cara con el mejor ánimo posible y de manera no exenta de esfuerzo para hacer del presente algo que merezca la pena llegar a recordar.

Intenten ser lo más felices posible.